jueves, 30 de abril de 2009

Conclusiones


La educación basada en las nuevas tecnologías se encentra aún en una fase de desarrollo, el cual por cierto, es intenso debido a la rapidez con que dichas tecnologías se ven superadas por versiones nuevas de sí mismas, con mayor capacidad y atributos superiores. Es de suponer que el proceso enseñanza-aprendizaje no será igual dentro de pocos años, es decir, las condiciones bajo las cuales se desarrolle se proyectan completamente diferente, tanto en forma como en fondo.
Así mismo, la evaluación deberá evolucionar igualmente, ante el riesgo de quedarse rezagada como elemento legitimador del aprendizaje, puesto que las tendencias actuales apuntan hacia la separación física de los alumnos y el maestro. Anteriormente se mencionaban siete prácticas de evaluación, (Lozano, Burgos, 2008), mismas que deben vencer antes algunos retos de prejuicio social, puesto que la percepción de dicha evaluación aún tiene elementos muy tradicionales que encajonan a los sujetos dentro de espacios áulicos, bajo pena de no resultar confiables.
Estamos viviendo una verdadera revolución educativa, y no podemos evitar formar parte de ella, lo menos que podemos hacer, como educadores que somos, es adentrarnos en todos los nuevos conocimientos e involucrarnos para formar parte activa en dicha revolución, ser unos verdaderos agentes de cambio, y ayudar a evitar que la tecnología nos rebase por sí misma; sino que por el contrario, debemos convertirla en recurso para nuestra propia práctica, la cual se ve altamente favorecida cuando se involucran las nuevas tecnologías y son utilizadas de la forma correcta.

No hay comentarios:

Publicar un comentario